He conocido a una chica de mi edad que se quedó embarazada hace dos o tres años y su madre no le dejó abortar. Y ahora no estudia, está en casa todo el día con el niño, vive en un pueblo…”, explica. El caso de su amiga le hace pensar que en situaciones así, en las que los padres no apoyan a la menor por su cultura, su religión o por otros motivos, la ley es conveniente. “Yo tengo la suficiente confianza con mis padres como para, si se diese el caso, decírselo, pero hay chicas que no tienen la misma facilidad”, insiste.
