Ya en 1985 el discípulo de Marshall McLuhan Neil Postman, tuvo claro que entre la distopía que Orwell escribió en 1984 y la de Aldous Huxley en Un mundo feliz, el mundo le había dado la razón a Huxley pues los gobiernos totalitaristas no han acabado controlándonos mediante el dolor sino que nos han paralizado mediante el placer.
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